Me encontraba recorriendo las calles, en uno de aquellos transportes que van saltando al compas de la música, sentada admirando las casas, los barrios, los arboles, el cielo y la suciedad de las calles por la ventana....
Simultáneamente juego con mis tres monedas con las que pago el transporte, recordando conversaciones con diferentes personas.
De la nada me recuerdo que en otro día me había subido en otra clase de transporte, lo que llamamos Taxi, mucho más cómodo pero mucho más caro. El taxista muy simpático, entablo conversación conmigo, comenzó el tema con la típica frase de que “Valencia no es lo mismo” o “¿Sabes? Las calles cada día están mas peligrosas”, por supuesto yo asentí y el prosiguió con alguna de sus anécdotas; me contó que en una de sus carreras, recogió a unos ladrones quienes lo secuestraron, le cayeron a golpes y le robaron el carro; para mas colmo pensaban secuestrar a su familia y robar en su casa. Claro, que no me lo contó con esta rapidez, todo con su debido tiempo, expresiones y como olvidar como describió sus sentimientos para ese entonces. Muchas veces lees casos como este en el periódico, pero casi nunca lo escuchas del propio protagonista a quien le sucedió.
Por arte de magia, otro recuerdo zumba en mi cabeza… en otros días, escuche una historia similar de mi dentista, quien tras tantos años de trabajo junto a una compañera que trabajaba al lado de su consultorio, resulta ser que era una asesina, había matado a su novio por asuntos de negocios decían algunos, la mujer fue llevada a la cárcel y desde ella llamaba a mi dentista acosándola con que vendiera el consultorio, ya que claro necesitaba dinero para poder salir de la cárcel; mi dentista al igual que el taxista narró la historia con su debido tiempo, expresión y nuevamente como olvidar la descripción de sus sentimientos en ese entonces.
Al mismo tiempo, saltó hacia un par de años cuando una mujer muy cercana a mi, conoció al hombre perfecto por internet, lo amaba con tanta intensidad que se aventuro a ir al país donde él vivía. ¿Dónde? A china, no realmente no, era más cercano: Argentina. En ese país desconocido para ella, conoció al hombre perfecto y pasaron buenos tiempos juntos, por suerte el hombre no la secuestro ni nada por el estilo, pero si hizo muchas promesas que nunca llegó a cumplir, además le robó a esta mujer una gran cantidad de dinero. A lo que me recuerda el mundo del internet, nos facilita hablar con personas de diferentes países que por sus culturas pareciese que vinieran de mundos paralelos a los nuestros; pero aparte de sus numerosas ventajas, uno nunca sabe quien realmente esta detrás del computador, debido al anonimato que existe en el mundo del internet.
En fin afortunadamente esta mujer, la dentista y el taxista salieron vivos de estas aventuras, lo suficiente como para poder contarlo, como anécdotas de la vida o “esas cosas que a uno le pasa”.
Me pongo a pensar, que uno nunca sabe realmente con quien habla o con quien trabaja, inclusive no se sabe si quien se sienta al lado tuyo del transporte es un asesino, violador, ladrón, drogadicto, traficante, prostituta, entre otros oficios no bien vistos por la sociedad. Reflexionando esto, volteo rápidamente a ver los pasajeros que se encuentran a mi alrededor, preguntándome que clase de personas serán, que planes tendrían para el día de hoy o porque el destino nos trajo a esas personas y a mi al mismo transporte de tantos que circulan por las calles. Veo al conductor y me pregunto si tenia licencia para conducir o a caso fue alguien que se compro un autobús y se puso a conducir, asi sin más. ¿Nadie se ha preguntado esto?
Volviendo a los asesinos, malandros, ladrones, violadores, prostitutas, traficantes, etc. ¿Qué motivo los habrá llevado a tomar una carrera como esa? ¿La cobardía o la gran valentía? ¿Cómo es que ellos siendo personas iguales a nosotros reciben miradas de vergüenza, desprecio y tristeza? ¿Quiénes deberían ser entonces esas personas dignas de admirar? Aun asi, ¿no deberíamos ser todos iguales? ¿Qué factor de ellos o de sus vidas hace que la sociedad los vea con esa cara de desprecio? ¿Sera su trabajo? Pero, inclusive los pobres de las calles, que no tienen trabajo, reciben las mismas miradas de desacuerdo y humillación. Entonces ¿Qué hace a las personas dignas de admirar? O primordialmente ¿Por qué las admiramos? ¿No las admiramos por que poseen una habilidad que nosotros carecemos? Entonces aquellas personas no dignas de admirar ¿Carecen de habilidades? ¿Es decir, que tenemos la valentía y coraje de matar a alguien, robar algo, acosar sexualmente a alguien, vender nuestros cuerpos o hacer acciones ilegales? Supongo yo, que no.
Entonces ¿Qué es?, caemos en el tema de lo bueno y lo malo, pero realmente ¿Qué nos dice que algo es bueno o malo? Hablaríamos más bien de lo que nos conviene y lo que no nos conviene. Pero, ¿Qué nos conviene y que no? ¿No le convendría al ladrón que no tiene mucho, robar comida para subsistir? Sin embargo, a nosotros no nos conviene que nos roben ¿Verdad? Y mucho menos al pobre que nada tiene, no le convendría que un ladrón le robara ¿Verdad? ¿Que acaso los humanos como seres iguales, no deberíamos pensar sobre estos temas, o es que venimos hacer lo que “nos pega en gana”? Para después preguntar “¿Por qué nos pasan estas cosas?” Me acuerdo de un dicho, que lo que haces se revierte en ti, pero al doble.
No obstante, en una sociedad corrupta como esta, estos casos de la vida se consideran ¿Normal? Como dicen “Asi es la vida, tienes que lidiar con ella” Lidiar o ¿Aguantarla? Nos encanta quejarnos pero no hacemos nada al respecto, ¿Es debido a que no tenemos la suficiente valentía? La valentía de cambiar al mundo o las perspectivas de las personas aunque sea en un mínimo detalle.
Pensando en la encrucijada en que me he metido, repaso sobre las anécdotas ¿Cuál seria mi atribución? Pues esta seria mi anécdota, de un día normal como cualquier otro, en el cual me percate de los detalles de la vida. Esta es la anécdota de un día en el que miraba por la ventana y jugaba con tres monedas que sostenía en mi mano.
-Vwei19
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miércoles, 30 de septiembre de 2009
***Tres monedas***
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sábado, 7 de febrero de 2009
***Mi historia***
Esta es mi historia, erase una vez una calabaza… es decir yo la calabaza, vivía en una florería, junto a hermosas doncellas donde las lagrimas rebotaban de sus hojas y se perfumaban de polen.
Fue en primavera, cuando el dueño observó que las calabazas no se vendían, por lo tanto decidió hacer una oferta, puso las calabazas más hermosas debajo de un árbol de cerezo que estaba en frente de la tienda. Sin embargo, yo no estaba entre de ellas, ya que era feo.
Día a día, observaba como las calabazas de al frente eran acariciadas por el viento, por una manta rosada de olor cereza y brillaban con los rayos del sol. Mientras yo permanecía dentro de lo que para mi era una incubadora. Hasta ahora, nunca había sentido el sol en mi pobre cuerpo naranja, pero no dejaba de soñar con el día en que alguna persona me recogería y me cuidaría.
Las siguientes semanas, clientes entraban en la tienda con ojos luminosos preguntando a cuento era la oferta de los arboles de cerezo. El dueño sorprendido exclamó que la oferta eran las calabazas, y que los arboles de cerezo no tenían nada que ver con su tienda. Muchos rieron, otros se desilusionaron, había quienes amenazaban al dueño diciendo “¿Quién es lo suficientemente loco para comprar calabazas? ¡Nunca las venderás!”
Llegó el verano, y los clientes dejaron de pasar, ya que sabían que las ofertas eran las calabazas y no los arboles de cerezo. Sin embargo, llegó un hombre de pelo largo, sombrero ridículo y ropas extravagantes. Y decidió comprar algunas calabazas, casi la mitad de ellas. El dueño emocionado, le vendió las más bonitas, una vez compradas. El dueño por curiosidad le preguntó al hombre si necesitaba fertilizante para cuidarlas, a lo que el hombre rió. “¿Cuidarlas? ¿Quién dijo que las cuidarías? Las voy destrozar para hacer una obra de arte con su jugo.” Fue lo que le dijo al dueño.
El dueño se dio cuenta, que sacrificó a sus calabazas, que cometió un suicidio imperdonable. Desde entonces, decidió tomar precaución y vender las más feas primero. Por lo cual me miró y me dijo, “Tu serás vendida la próxima vez”. A pesar de que me contentó al escuchar que saldría de la tienda, me entristecía que quisiese deshacerse de mí.
El otoño arribó, y el cielo comenzó a tornarse rojo, las flores de cerezo dejaron de ser la atracción, ya que ahora solo podrías admirar un árbol solitario que perdió a sus bailarinas en medio de un baile.
Pero, fue el momento en que las calabazas resaltaron en el ambiente caluroso que iniciaba al otoño. Fue cuando muchos clientes preguntaron por las calabazas, el dueño como prometió intento venderme, pero los clientes exclamaban “¿A quien intentas engañar?” “Yo quiero una de esas que están afuera que son hermosas, no como esta es repulsiva”. Fue como a mitad de otoño que el dueño subió los precios de las calabazas, y dejó de intentar venderme. A veces decía que cuando llegase el invierno me tiraría a un perro.
Pero luego, la campanita de la tienda sonó, esta vez entro fue una vagabunda, joven, de pelo alborotado y ropas desaliñadas. Con su poco dinero, pidió una calabaza, el dueño le dijo que no, que ella no seria capaz de cuidar ni una mosca, y corrió a la joven de la tienda.
Al día siguiente la misma mujer, fue nuevamente a la tienda a comprar una hermosa calabaza para su pobre vida. El dueño dijo que no numerosas veces, hasta que un día le dijo “Ya que quieres tanto una calabaza, te daré esta de aquí” La mujer me miró, y dijo que me llevaría.
¿Acaso esta loca esta mujer? Me dije yo, ¿Cómo va a gastar todo su dinero en una calabaza tan fea como yo?
Me cargó en sus brazos, y me dijo, “tranquila, que hare de ti la calabaza más hermosa”. Esta mujer, no tenia hogar, de hecho me llevo sólo a una cuadra de la tienda. Donde desde que me compró, todos los días cuidaba de mí, me alimentaba con fertilizante, cuidaba mis ramas, me limpiaba, me cantaba y me mimaba.
Poco a poco, para finales de otoño e inicios de invierno, las demás calabazas comenzaron a podrirse, a envejecer y a dejar de ser la hermosa calabaza que adornaba el cielo. Sin embargo, yo crecí, me hice más hermosa y atraía las miradas de cualquiera.
Fue entonces cuando el negocio de mi dueña empezó, al principio era gratis, cuidaba las calabazas de los demás; pero debido a su buen trabajo las personas insistían en pagarla, tímidamente mi dueña aceptó.
Poco a poco tuvo muchos mas clientes, pero no importaba cuantas calabazas tuviera que cuidar siempre me daba un cuidado especial.
Me sentí feliz, ya que no sólo había despertado la belleza en mi, si no que el dinero que había gastado en esta solitaria calabaza había sido duplicado; lo suficiente como para poder vivir y alimentarse.
A mediados de invierno, un joven hermoso pasó por nuestro pequeño estante, que ahora detrás tenia una pequeña casita, donde la dueña dormía, y donde nos colocaba cuando las tormentas batían en este el frio invierno.
El joven admirado por su trabajo y dedicación, le pregunto si vendía calabazas a lo que ella respondió que no, que las cuidaba. El joven interesado pasaba todos los días a platicar con mi dueña, poco a poco se fueron enamorando.
Desde entonces mi vida era perfecta, tenía una dueña feliz y enamorada, con un lugar donde dormir, que me amaba y cuidaba; y que me había hecho una calabaza feliz interna y externamente. Incluso pude platicar, con las flores invernales que nacían en la acera de enfrente. Todo era como magia para mí.
Fue un día en que nevaba, se aproximaba una gran tormenta y ya estaba por terminar el invierno. La joven tenía una cita ese día con el joven que había conocido hace tiempo. Durante el día, estuvo tarareando una cancioncita de felicidad, que era como el polen para nosotros que absorbíamos su felicidad. Llego al punto, en que todas las calabazas tarareamos la misma canción, aunque ella no pudiera escucharnos.
Al ocultarse el triste sol, que no brillo mucho ese día. El joven había llegado a buscarla, sorprendida mi dueña no estaba preparada por lo que le pidió al joven que llevara todas las calabazas adentro de su casa. Mientras ella se vestía.
Al terminar, salió mi dueña luciendo un hermoso traje que no era lo que la alta sociedad lucía, pero era un traje que le quedaba hermoso, igual que su sonrisa que adornaba su cara. El joven admirado exclamo, lo preciosa que se veía. A lo que mi dueña respondió con un sonrojo de mejillas.
Partieron hacia su cita, se aseguraron de que las calabazas estuvieran adentro y de que la casa estaba bien cerrada. Pero……
No se habían dado cuenta que yo había quedado afuera, de seguro con toda la agitación y la emoción, me habían olvidado. Además el amor hace ciego a las personas, pero de seguro cuando regresen me cuidaran con generosidad.
En la tormenta resistí lo mas que pude, el cielo estaba oscuro, el viento se agitaba golpeando los arboles rústicamente y devorando toda criatura débil que se encontrara fuera del calor de su hogar. Mis ramas, se congelaron y se cayeron, sin embargo seguí resistiendo.
“No le puedo hacer esto a mi dueña”, me dije a mi mismo. Dentro de la tienda, las demás calabazas admiraban mi dureza y valor, apoyándome con gritos de ánimo.
Sin embargo, la tormenta empeoraba y mi dueña no llegaba. Me decía, “no puedo ser egoísta es un día especial para ella, quizás el joven decida declarársele. Por eso, tengo que resistir, para ver su hermosa sonrisa que calentara mi cuerpo congelado”.
Cada minuto me debilitaba más, mi corazón dejaba de latir, ya no me quedaban ramas, no conseguía moverme, el dolor se hizo presente con cada copo de nieve que caía sobre mí, hasta que no pude más….
La nieve me cubrió por completo, hizo de mí alrededor, un infierno cristalino. Me cegó de la belleza, y congeló todas mis esperanzas.
Lloré pero mis lagrimas no salían, “lo siento” es lo que te diría. A pesar de todo tu esfuerzo, cuidado y ánimo que has puesto en mi, no pude aguantar, no pude demostrarse lo fuerte que era el amor entre nosotros dos. No pude demostrarte mi gratitud. “Lo siento”… sólo espero que sepas lo agradecido que estoy por haberme comprado ese día de otoño, que vayas donde vayas no me olvides y que consigas tu felicidad con ese buen joven.
Ese día muchas plantas habían muerto, casas fueron derribadas con la tempestad de la tormenta y animales habían perdido sus crías. Además fue el día en que partí de este mundo como la calabaza en que nací.
-Vwei19
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PD: Sorry for my sp errors.
Fue en primavera, cuando el dueño observó que las calabazas no se vendían, por lo tanto decidió hacer una oferta, puso las calabazas más hermosas debajo de un árbol de cerezo que estaba en frente de la tienda. Sin embargo, yo no estaba entre de ellas, ya que era feo.
Día a día, observaba como las calabazas de al frente eran acariciadas por el viento, por una manta rosada de olor cereza y brillaban con los rayos del sol. Mientras yo permanecía dentro de lo que para mi era una incubadora. Hasta ahora, nunca había sentido el sol en mi pobre cuerpo naranja, pero no dejaba de soñar con el día en que alguna persona me recogería y me cuidaría.
Las siguientes semanas, clientes entraban en la tienda con ojos luminosos preguntando a cuento era la oferta de los arboles de cerezo. El dueño sorprendido exclamó que la oferta eran las calabazas, y que los arboles de cerezo no tenían nada que ver con su tienda. Muchos rieron, otros se desilusionaron, había quienes amenazaban al dueño diciendo “¿Quién es lo suficientemente loco para comprar calabazas? ¡Nunca las venderás!”
Llegó el verano, y los clientes dejaron de pasar, ya que sabían que las ofertas eran las calabazas y no los arboles de cerezo. Sin embargo, llegó un hombre de pelo largo, sombrero ridículo y ropas extravagantes. Y decidió comprar algunas calabazas, casi la mitad de ellas. El dueño emocionado, le vendió las más bonitas, una vez compradas. El dueño por curiosidad le preguntó al hombre si necesitaba fertilizante para cuidarlas, a lo que el hombre rió. “¿Cuidarlas? ¿Quién dijo que las cuidarías? Las voy destrozar para hacer una obra de arte con su jugo.” Fue lo que le dijo al dueño.
El dueño se dio cuenta, que sacrificó a sus calabazas, que cometió un suicidio imperdonable. Desde entonces, decidió tomar precaución y vender las más feas primero. Por lo cual me miró y me dijo, “Tu serás vendida la próxima vez”. A pesar de que me contentó al escuchar que saldría de la tienda, me entristecía que quisiese deshacerse de mí.
El otoño arribó, y el cielo comenzó a tornarse rojo, las flores de cerezo dejaron de ser la atracción, ya que ahora solo podrías admirar un árbol solitario que perdió a sus bailarinas en medio de un baile.
Pero, fue el momento en que las calabazas resaltaron en el ambiente caluroso que iniciaba al otoño. Fue cuando muchos clientes preguntaron por las calabazas, el dueño como prometió intento venderme, pero los clientes exclamaban “¿A quien intentas engañar?” “Yo quiero una de esas que están afuera que son hermosas, no como esta es repulsiva”. Fue como a mitad de otoño que el dueño subió los precios de las calabazas, y dejó de intentar venderme. A veces decía que cuando llegase el invierno me tiraría a un perro.
Pero luego, la campanita de la tienda sonó, esta vez entro fue una vagabunda, joven, de pelo alborotado y ropas desaliñadas. Con su poco dinero, pidió una calabaza, el dueño le dijo que no, que ella no seria capaz de cuidar ni una mosca, y corrió a la joven de la tienda.
Al día siguiente la misma mujer, fue nuevamente a la tienda a comprar una hermosa calabaza para su pobre vida. El dueño dijo que no numerosas veces, hasta que un día le dijo “Ya que quieres tanto una calabaza, te daré esta de aquí” La mujer me miró, y dijo que me llevaría.
¿Acaso esta loca esta mujer? Me dije yo, ¿Cómo va a gastar todo su dinero en una calabaza tan fea como yo?
Me cargó en sus brazos, y me dijo, “tranquila, que hare de ti la calabaza más hermosa”. Esta mujer, no tenia hogar, de hecho me llevo sólo a una cuadra de la tienda. Donde desde que me compró, todos los días cuidaba de mí, me alimentaba con fertilizante, cuidaba mis ramas, me limpiaba, me cantaba y me mimaba.
Poco a poco, para finales de otoño e inicios de invierno, las demás calabazas comenzaron a podrirse, a envejecer y a dejar de ser la hermosa calabaza que adornaba el cielo. Sin embargo, yo crecí, me hice más hermosa y atraía las miradas de cualquiera.
Fue entonces cuando el negocio de mi dueña empezó, al principio era gratis, cuidaba las calabazas de los demás; pero debido a su buen trabajo las personas insistían en pagarla, tímidamente mi dueña aceptó.
Poco a poco tuvo muchos mas clientes, pero no importaba cuantas calabazas tuviera que cuidar siempre me daba un cuidado especial.
Me sentí feliz, ya que no sólo había despertado la belleza en mi, si no que el dinero que había gastado en esta solitaria calabaza había sido duplicado; lo suficiente como para poder vivir y alimentarse.
A mediados de invierno, un joven hermoso pasó por nuestro pequeño estante, que ahora detrás tenia una pequeña casita, donde la dueña dormía, y donde nos colocaba cuando las tormentas batían en este el frio invierno.
El joven admirado por su trabajo y dedicación, le pregunto si vendía calabazas a lo que ella respondió que no, que las cuidaba. El joven interesado pasaba todos los días a platicar con mi dueña, poco a poco se fueron enamorando.
Desde entonces mi vida era perfecta, tenía una dueña feliz y enamorada, con un lugar donde dormir, que me amaba y cuidaba; y que me había hecho una calabaza feliz interna y externamente. Incluso pude platicar, con las flores invernales que nacían en la acera de enfrente. Todo era como magia para mí.
Fue un día en que nevaba, se aproximaba una gran tormenta y ya estaba por terminar el invierno. La joven tenía una cita ese día con el joven que había conocido hace tiempo. Durante el día, estuvo tarareando una cancioncita de felicidad, que era como el polen para nosotros que absorbíamos su felicidad. Llego al punto, en que todas las calabazas tarareamos la misma canción, aunque ella no pudiera escucharnos.
Al ocultarse el triste sol, que no brillo mucho ese día. El joven había llegado a buscarla, sorprendida mi dueña no estaba preparada por lo que le pidió al joven que llevara todas las calabazas adentro de su casa. Mientras ella se vestía.
Al terminar, salió mi dueña luciendo un hermoso traje que no era lo que la alta sociedad lucía, pero era un traje que le quedaba hermoso, igual que su sonrisa que adornaba su cara. El joven admirado exclamo, lo preciosa que se veía. A lo que mi dueña respondió con un sonrojo de mejillas.
Partieron hacia su cita, se aseguraron de que las calabazas estuvieran adentro y de que la casa estaba bien cerrada. Pero……
No se habían dado cuenta que yo había quedado afuera, de seguro con toda la agitación y la emoción, me habían olvidado. Además el amor hace ciego a las personas, pero de seguro cuando regresen me cuidaran con generosidad.
En la tormenta resistí lo mas que pude, el cielo estaba oscuro, el viento se agitaba golpeando los arboles rústicamente y devorando toda criatura débil que se encontrara fuera del calor de su hogar. Mis ramas, se congelaron y se cayeron, sin embargo seguí resistiendo.
“No le puedo hacer esto a mi dueña”, me dije a mi mismo. Dentro de la tienda, las demás calabazas admiraban mi dureza y valor, apoyándome con gritos de ánimo.
Sin embargo, la tormenta empeoraba y mi dueña no llegaba. Me decía, “no puedo ser egoísta es un día especial para ella, quizás el joven decida declarársele. Por eso, tengo que resistir, para ver su hermosa sonrisa que calentara mi cuerpo congelado”.
Cada minuto me debilitaba más, mi corazón dejaba de latir, ya no me quedaban ramas, no conseguía moverme, el dolor se hizo presente con cada copo de nieve que caía sobre mí, hasta que no pude más….
La nieve me cubrió por completo, hizo de mí alrededor, un infierno cristalino. Me cegó de la belleza, y congeló todas mis esperanzas.
Lloré pero mis lagrimas no salían, “lo siento” es lo que te diría. A pesar de todo tu esfuerzo, cuidado y ánimo que has puesto en mi, no pude aguantar, no pude demostrarse lo fuerte que era el amor entre nosotros dos. No pude demostrarte mi gratitud. “Lo siento”… sólo espero que sepas lo agradecido que estoy por haberme comprado ese día de otoño, que vayas donde vayas no me olvides y que consigas tu felicidad con ese buen joven.
Ese día muchas plantas habían muerto, casas fueron derribadas con la tempestad de la tormenta y animales habían perdido sus crías. Además fue el día en que partí de este mundo como la calabaza en que nací.
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